En México, el trabajo del hogar ha sido históricamente uno de los sectores con mayores niveles de informalidad laboral. Durante décadas, millones de mujeres dedicadas a la limpieza, cuidado de menores, preparación de alimentos, jardinería, conducción y otras actividades domésticas desempeñaron sus labores sin acceso a seguridad social, atención médica o una futura pensión.

